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Fue condenado a muerte, sufrió 5 atentados terroristas, sobrevivió al terror anarquista y a una muerte segura en la Guerra Civil

LIBRES

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Paco Segarra, famoso publicista y escritor barcelonés, publica Azul y Rojo. Historia oculta de un agente doble, en la editorial SND, en donde narra episodios de la vida de su abuelo, Francisco Segarra Martorell, un agente doble antes y durante la Guerra Civil.

Paco Segarra Alegre, también conocido como Coronel Pakez (Barcelona, 1958) es publicista y escritor. Ha trabajado en grandes agencias de publicidad para grandes marcas multinacionales. Fue Director General de Marketing del Grupo Intereconomía. Iniciado en el activismo sindical en 1977, ha creado campañas de marketing político para el PP, VOX, Ciudadanos y Alternativa Española. Ha dictado conferencias sobre comunicación política en distintas universidades de España y de la América Hispana. Y ha escrito libros de ensayo periodístico, como «La columna del Coronel Pakez»; libros y artículos de espiritualidad católica, como «Había una vez un monje»; libros de humor político, como «El libro rojo de Intereconomía»; novelas, como «El hombre que mató a Jesús»; etc.

Mi abuelo y yo en 1962
Mi abuelo y yo en 1962

Está casado, tiene cinco hijos y, de momento, nueve nietos. Nieto de carlistas e hijo de falangista, se debate entre la Tradición y la Revolución Nacional Sindicalista.

Con Paco hablamos de su último libro:

Pero, ¿quién era este agente doble llamado Francisco Segarra Martorell?

El brigada de la Guardia Civil Francisco Segarra Martorell fue torturado y condenado a muerte por el comunista Servicio de Información Militar en 1938.

Fue condenado a muerte por un tribunal franquista por conspiración y traición a la patria en 1939.

Sufrió cuatro atentados terroristas entre 1931 y 1936.

Sufrió un quinto atentado en 1951.

Sobrevivió a todo: a la Semana Trágica, al pistolerismo sindical, al terror anarquista, a la batalla de Codo, donde fue aniquilado en Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat.

Y sobrevivió a los servicios secretos británicos y nazis. A la guerrilla de los maquis. Y a una jubilación sin agradecimiento oficial y sin pensión. Anciano, sobrevivió también a tres ictus y con el cuarto llegó, por fin, al Descanso Eterno.

Nunca sufrió eso que los americanos llaman «stress postraumático».

Coronel Ungria, jefe del espionaje franquista
Coronel Ungria, jefe del espionaje franquista

Parece un héroe de película
En absoluto, era un tipo normal. Un niño que tuvo miedo a la oscuridad y a las ratas; huérfano de madre, en el parto, y de padre, que se dio a la bebida tras la derrota en la última guerra Carlista en el Maestrazgo, y murió de cirrosis.

Un recluta avispado en Marruecos. Un guardia civil con el instinto natural de los hombres del campo.

¿Era valiente? Lo necesario para mantener la dignidad y el honor. Era alto, delgado y encaneció prematuramente, cosa de las torturas en las chekas.

¿Y eso de las dos condenas a muerte?
Sí, él era comandante del puesto de Collblanc en Barcelona. Y, además, formaba parte de la brigadilla de la Guardia Civil, no sé cómo se llama ahora el servicio o los servicios de información de la Benemérita. La famosa UCO es uno de ellos, supongo. Entonces era menos sofisticado, pero las tramas de corrupción vinculadas a la política eran las mismas.

No quiero hacer «spoiler» como dicen ahora. El caso es que la Guardia Civil en Barcelona se mantuvo fiel a la República, Aranguren y Escobar, ya se sabe, lo cual decantó la victoria del lado gubernamental el 18 y 19 de julio. Mi abuelo, como todos, pasó a formar parte de la rebautizada Guardia Nacional Republicana y siguió con sus actividades de espionaje.

Por esta razón, guardia civil en zona roja, fue condenado por los franquistas.

¿Usted afirma que espiaba para ellos?
Sí, pero su expediente se perdió entre Pamplona y Burgos.

Azul y rojo, el último libro del publicista Paco Segarra
Azul y rojo, el último libro del publicista Paco Segarra

¿Y sus misiones principales?
Marcar objetivos para el bombardeo de la ciudad. Lo habitual: fábricas, barcos, carreteras, puentes y edificios en el centro o en barriadas. No se crea que los de Hamás han inventado eso de esconderse entre civiles: el ejército popular, sus agencias de inteligencia, estados mayores, etc, lo hacían. Morían civiles, naturalmente. Pero los vecinos no sabían que el piso de arriba era una oficina de comandos de las Brigadas Internacionales. Es la guerra.

Orden de detención de mi abuelo por el SIM comunista
Orden de detención de mi abuelo por el SIM comunista

Tuvo éxito…
Mucho. Los agentes soviéticos tuvieron que emplearse a fondo para neutralizar a mi abuelo. Perdió la protección de los anarquistas en mayo de 1937. El comité de la FAI de su barrio le ayudó mucho. Después, en junio, salió de Barcelona, y regresó en noviembre con una unidad comunista. En fin, tardaron un año más en cazarlo.

Por el camino, mi abuelo liquidó a un par de agentes poco bregados. Tuvo que actuar Alexander Orlov, el que despellejó a Andrés Nin.

Orlov dejó instrucciones y se fugó a Amsterdam porque se olía que Stalin quería purgarlo. Pero acertó con el plan de caza y mi abuelo acabó en la checa de la calle Vallmajor.

Alexander Orlov, jefe del espionaje soviético en España.Fugado a USA colaboró con el FBI y la CIA
Alexander Orlov, jefe del espionaje soviético en España. Fugado a USA colaboró con el FBI y la CIA
La cheka de Vallmajor
La cheka de Vallmajor
Convento de Agustinas de la calle Vallmajor en dónde se albergaba una de las temibles chekas
Convento de Agustinas de la calle Vallmajor en dónde se albergaba una de las temibles chekas

¿Pero cómo puede vivirse una vida así?
Mi abuelo era católico, carlista.

¿La fe le ayudó?
Fue lo único que le ayudó. Mire: su propio padre le falló; el corrompido ejército de África le falló; el Rey Alfonso XIII le falló; la República le falló; la Guardia Civil le falló; y Franco, al que veneraba a pesar de todo, también le falló.

Entonces mi abuelo se agarró no al consuelo de la Fe, sino al deber de la Fe. Cuando todo se ha destruido, cuando la vida te pasa por encima tan dramáticamente, como él decía: «Uno necesita razones para morir». Sin saberlo, citaba el salmo: no hay que poner la confianza en los hombres, ni en los reyes, ni en sus ejércitos. Solo Dios. Pero Dios para mi abuelo era Jesucristo clavado en la cruz. Cristo murió cumpliendo su deber.

Mi abuelo haría lo mismo: su razón para morir fue Cristo. Yo creo que esto supera lo del Dr, Frankl: la familia lo mantuvo vivo en el campo de exterminio. Morir por Cristo es una razón superior. Morir exactamente por el Cristo crucificado que cuelga en mi habitación desde hace 50 años, y que mi abuelo tenía en su despacho de la carretera de Sants. Nadie se atrevió jamás a tocar ese Cristo. Ni a mi abuelo le hizo falta desenfundar la automática para defenderlo.

Siempre se habla de las razones para vivir
Ahora que tengo una edad me quedo con lo de mi abuelo. La muerte es la realidad más real, disculpe la expresión, que el hombre debe enfrentar.

Y la muerte es, por tanto, la medida de la vida: la muerte mide exactamente la entrega, el amor, el servicio. No hay mayor amor que morir por los amigos.

De modo que, si no quieren morir en un ahogo de desesperación, de pánico, de locura, de caos y destrucción sin sentido, es mejor que tengan una buena razón para morir. Teniéndola, se lo aseguro, nadie pediría la eutanasia.

¿Contradicción?
No. Mi abuelo tenía buenas razones para morir. Pero no murió. Y esas mismas razones se convirtieron en fuentes de vida. Porque desde 1939 hasta 1956 vino lo peor. Pero lo dejo aquí, para que lean el libro.

Militares carlistas de la III Carlistas, 1876. Mi bisabuelo andaba por ahí
Militares carlistas de la III Carlistas, 1876. Mi bisabuelo andaba por ahí

Para terminar: he visto nombres y apellidos conocidos, y situaciones comprometidas.
Sí, añadamos desde aquí el comodín de «presuntamente» y el de «biografía novelada», aunque todo sea muy real.

Para comprar el libro: Azul y Rojo. Historia oculta de un agente doble de Francisco Segarra Alegre

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