El déficit fiscal de Brasil alcanzó un récord histórico bajo el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, generando preocupación por la sostenibilidad económica del país.
Según datos del Banco Central, el déficit de las cuentas públicas alcanzó al 9,52% del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos 12 meses hasta octubre, equivalente a 1,09 billones de reales.
Este resultado representa el mayor desequilibrio fiscal registrado en Brasil y refleja un notable deterioro en comparación con años anteriores.
En los primeros diez meses de 2024, el déficit acumulado fue del 8,53% del PIB, un aumento significativo frente al 7,73% del mismo período en 2023. En 2022, durante el último año de la administración de Jair Bolsonaro, el déficit se ubicó en un 4,57%, menos de la mitad del nivel actual.
Estos datos demuestran la falta de control sobre las finanzas públicas y la incapacidad del gobierno brasileño para frenar el despilfarro y las políticas populistas.
Expertos atribuyen esta situación al incremento desmedido del gasto público, especialmente en políticas sociales y programas populistas, sin una fuente de financiamiento sostenible.
A pesar de las crecientes advertencias, el gobierno de Lula ha descartado ajustes en el gasto, lo que ha llevado a un aumento acelerado.
El panorama fiscal sigue siendo sombrío. En octubre, el déficit retomó su tendencia al alza, y las proyecciones indican que podría cerrar el año cerca del 10% del PIB, un umbral crítico que pone en riesgo la estabilidad económica del país.
Este déficit, si no se corrige, podría desencadenar una crisis de deuda pública, con consecuencias devastadoras para la economía y la población brasileña.